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CHARLY GARCÍA

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Gracias Charly por existir, por mostrarte, por escribir, tocar y cantar. A mí me gusta charly… pero el charly de antes. Tantas veces escuché esto, tantas veces lo dije, tantas veces lo sentí. La verdadera pregunta es, ¿Qué le pasó a charly? Que le pasó al charly que escribió hermosas canciones como estas: La mediocridad para algunos es normal, la locura es poder ver más allá. El tuerto y los ciegos - Sui Generis Viento del sur. Oh, lluvia de abril, quiero saber donde debo ir. No puedo estar sin poder crecer, aprendiendo las lecciones para ser. Aprendizaje - Sui Generis Un mendigo muestra joyas a los ciegos de la esquina y un cachorro del señor nos alucina. Como mata el viento Norte – La Máquina de Hacer Pájaros Tu tiempo es un vidrio, tu amor un fakir, tu cuerpo una aguja, tu mente un tapiz. Si las sanguijuelas no pueden herirte, no existe una escuela que enseñe a vivir. Desarma y Sangra - Serú Girán El solo quiere mirar la calesita de los sueños que se fueron y ya no volverán. Ade...

Recital

Córdoba  15 de Marzo - Divididos Miles de extraños gritando la misma palabra, aunque a cada uno, le dibuje una imagen distinta en la memoria. Todos unidos en un gran salto, en una entrega.  Cayendo juntos desde el cielo, como un solitario y gigante píe, que sacude al mundo. Entre banderas y estandartes que flamean, los gruesos golpes del bajo parecen venir desde el interior del cuerpo. La batería suena como los tambores de una guerra sin balas, mientras las filosas cuerdas de acero, narran la historia de nuestra propia vida.

Noches

La música comercial es cada vez más estúpida. Los protagonistas de la noche cada vez más crueles. Después de escuchar la burla a una chica “gorda”, escuché las incoherentes justificaciones de los agresores. Quizás podría soportar una noche de ruidos de moda sin problemas, pero no soporto que desgarren a mi música, que la apuñalen, corten, y remixen. Abrumado de figuras sin voces, terminé el último trago de cerveza, pensando que esos lugares son solo un sorbo más del tibio alquitrán de la ciudad. Abrir la negra puerta giratoria, me dejó un sabor a libertad. Las oscuras calles eran tan tranquilas, que deseé que las inexactas distancias del centro, fueran interminables. El silencio, el mejor regalo. La soledad, paradójicamente, una compañía. “Todo se puede”, fueron las palabras del taxista que afirmaba haber vivido en orfanatos, mantenerse por si mismo desde los catorce años, y trabajar desde los nueve. La abrupta partida, la caminata, la noche, no fueron en vano.