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El hombre a la orilla del río

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Chapoteando en las frías aguas del río Estigia, pienso. ¿Esto es todo? El barquero encalla y sonríe, Seis demonios me esperan en la orilla. El más pequeño de todos se acerca y me recita unas palabras en lengua extraña: -Me debes 250 años, tu tiempo es mío.  Como humano, naces con una capacidad innata para hacer el mal. Cada acción directa o indirecta que produzca sufrimiento a otro ser, equivale a un segundo de vida. Ese segundo es restado a los 300 años que te han sido regalados. Intento decir algo, pero ya no tengo palabras. No puedo moverme. Sólo veo flashes en mi cabeza de personas tristes, animales muertos, lágrimas, gritos, sueños rotos. Cada imagen sangra en mis sentidos durante un intenso e interminable segundo, luego aparece otra… Comprender el mal que hemos hecho, eso es el infierno.

3er día

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Babilonia hoy no tiene color, babilonia hoy no existe. Me levanto sin abrir las ventanas, talvez me acueste sin hacerlo. Adivino lo que hay afuera, como quien mira una película por tercera vez. Puedo pensar a las personas, vociferando los mismos vocablos día tras día. Empeñando su vida en esa palabra, palabra que no voy decir, ni aceptar. Puedo pensarlo, pensarlo todo. Me levanto sin abrir las ventanas, talvez me acueste sin hacerlo. Babilonia hoy no tiene color, babilonia hoy no existe.

El devorador de sueños

Dicen que vestía de rojo, que llevaba capa y sombrero. Ocultaba su realidad en el éxito y la adoración. Si bien no tenía intereses particulares, era diestro en la mayoría de las tareas que desempeñan los hombres, como el arte, los negocios y las armas. Su frustración radicaba en la envidia a los seres simples, amantes del destino. Vivía para la venganza, sin hacer de ella más que una ocupación pasajera. El devorador tomaba una presa, descubría su sueño y lo llevaba a cabo para si mismo, destruyendo, finalmente, las posibilidades de su dueño. Por instantes se sentía superior, ante los ojos destrozados de los amantes, soldados o mercaderes devorados. Con el correr de las horas, volvía a sentir el profundo vacío, de ser una prueba más, de la ausencia de propósito divino.

Idea

La ceniza se desprendió del cigarro, rozo la ventana, ¿quién sabe donde fue después? Lo importante no fue la ceniza, fueron sus cabellos azabache, su idea, o la mía. Ya no lo recuerdo, no es importante. Podríamos decir que lo pensamos al mismo tiempo, si el tiempo existiera. Atrasar todos los relojes del mundo, para poder estar juntos, por lo menos, unas horas más. 

Lunes otra vez... = )

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A minutos del primer amanecer del lunes, el café, elixir que detiene el tiempo, nos apresa detrás del cristal. En ese mundo paralelo esculpimos imágenes falsas de nosotros mismos. Llenamos los espacios vacíos de la gran ciudad, vertiendo nuestra sangre, como aceite para iluminar las ventanas de los edificios. Esperamos con ansias el viernes, es más, vivimos para y por el quinto día, cuando mutamos en seres voraces, nos desmasificamos, y encontramos la diversión en las artes, que talvez, no todos comprenden. Luego reaparecemos desnudos, frente al espejo del lunes, que nos encadena a repetirnos, a repetirnos, a repetirnos… hasta la próxima luna llena.

Asedio fallido al castillo del miedo

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Arrojé un puñado de sal, en los arados de la duda. Derramé veneno en el aljibe de la razón. Apilé los cráneos de mis difuntos miedos, en el pórtico que adorna la puerta sin llave.  Reuní a mis guerreros y me despedí evitando formalidades. Sólo después, pude contemplar las llamas del hades, cubriendo los restos de un pasado, refutable. Hostigado por férreos fantasmas mutilados, la mano del averno rasguñaba mis talones.  Derrotado, volví a la que creía mi tierra. A rastras, con sangre ajena en mi capa, llegué escuchando los reproches de los que nunca se conmovieron ante una arenga. Reproches y más reproches. Me sentí vacío. Dicen que un hombre que esta fuera de su hogar está incompleto; pues un hombre que no tiene hogar, talvez está muerto.  Hoy me acuesto en la hierba y contemplo las nubes. Siempre es un buen día para partir y dedicarse a contar ovejas. Si fuera tan fácil.

Atesorando recuerdos perdidos

Abriste la vieja puerta de rejas, pero todavía estás muy lejos de la aldaba de la fantasía. Parado en el jardín de lo absurdo, te deleitás con los sinsabores, entre “lo cierto” y “lo falso”, pero no te atrevés a dar un paso más. Saltando los charcos de una amnesia acumulada, intentás hallar el hábitus perdido del juego. ¿Donde quedó tu incandescencia por transcurrir las andanzas enfrascadas en los libros de cuentos, hoy apilados en tu viejo y húmedo ático? Caen a tu alrededor las amargas manzanas de la verdad, aunque hoy ya no contienen el veneno que te anestesió... Ya no tienen forma de corazón. Podés tocar la fría mano de tu tuerta muñeca de plástico, que moría lentamente mientras atendías otras urgencias. Encontrás un luchador desarticulado en el fondo del armario y esbozás una macilenta sonrisa, casi por inercia. Ya sos grande. Buscando señales, sentís el aroma a tierra mojada y recordás la frescura de los pies en el barro una tarde de lluvia, con su arco iris coronando el misterio...

Todo

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La flor no se eclipsa ante el alud. Erguida, acepta el más hosco de los destinos. Entre la sabia derramada, los blancos copos, hilos de la sábana que cubre el prado, nievan sin caer en la duda. Los fríos bosques, no desean ser selvas, ni los ríos que fluyen bajo la escarcha, esperan otra cosa que renacer en la sal. Los peces no celan el cielo, ni las aves el mar. Aparentes, las tensiones de la naturaleza, se desdibujan en un todo. Hemos sido los hombres, quienes encarnamos el peor de los defectos, el juicio. 

Genios

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En tiempos donde las lámparas vienen de 100 o 75 watts, los genios han tenido que migrar a cavidades más acogedoras. Maestros del camuflaje durante siglos, es compresible que estos seres hayan decidido ocultarse aún más, en un presente donde la información viaja a la velocidad de la luz. Algunos se mudaron a viejas cartucheras de la lata, concediendo respuestas a todo tipo de exámenes. Cabe destacar, que los genios no son buenos para las matemáticas, por lo que han llevado a muchos, a reprobar desastrosamente. Uno de los más conocidos es el genio del buzón de correos, que lleva cartas alrededor del mundo. Aunque, últimamente, ha perdido popularidad por la invención del fax y el e-mail. Otro genio desafortunado es el de la caja de vino, tantas veces golpeado, confundido con seres ilusorios, generados por el exceso de alcohol. Los más débiles suelen encontrarse en latitas y botellas de gaseosas, dejando sorpresivos mensajes a sus amos como: “vale otra” o “ganaste un Mp3”. Sin duda...

413 Años después

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Verona, se dibuja en mi mente, decorada por la pluma de los poetas. Un clima de Reyes, balcones y catedrales, con soldados lentos, persiguiendo a paladines regresando de sus amoríos nocturnos. Los dramaturgos desde los rojizos tejados, en compañía de las ratas, narran los cruces de espadas. Entre amores imposibles, la sangre, un río de pasión y lágrimas, se vierte cada noche en actos de arrojo. El veneno, el más profundo símbolo del amor eterno. Salgo a la calle y no puedo encontrar esos paisajes por ninguna parte. Los tejados ya son muy altos como para ver a los poetas. Soldados azules, sin espadas, patrullan las calles bajo las órdenes de mercaderes y viajantes. Los hombres no respetan reyes ni reinos, se matan unos a otros sin claras razones, evitando mirarse a los ojos. Los dramaturgos han quedado sin trabajo, ya que el pueblo venera a los bufones. El veneno acabó con las últimas ratas. Por las calles se escucha, que no se puede morir de amor.

Títeres

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El espeso torrente carmesí, oculta una realidad genética latente. El destino se muestra como una simple imposición biológica, encriptada en el núcleo de las células del primer hombre que caminó la tierra. Reuso a formar parte de una obra de títeres sangrantes, aunque mi apatía respete la trama del titiritero. Develo estas líneas, que desde el principio de los tiempos, esperaron detrás del telón, su efímera exposición.

El ladrón de máscaras

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Algunos dicen haberlo visto por la ciudad universitaria, otros que rondaba por 9 de julio y General Paz. Vestía una gabardina y un sombrero negro. Cargaba una bolsa en lugar de un maletín y generalmente pasaba desapercibido. A veces, detenía a las personas preguntado la hora, o el nombre de alguna calle. Otras, se hacía pasar por un vendedor ambulante o pedía fuego, aunque no fumara. Ni bien alguien se acercaba, con un simple pase de manos robaba su mascara. Mascaras felices, acongojadas, furiosas, eufóricas, enamoradas, tiesas, indecisas, contemplativas, siniestras, entre tantas otras, viajaban en su bolsa. Muchas veces, intercambiaba las máscaras entre las personas. De ese modo los afligidos volvían pensativos a sus casas y los enamorados confundidos. Si recuerdan haber sufrido algún cambio de ánimo repentino, probablemente, ustedes también han sido víctimas de alguna de sus fechorías. Miles de dibujos, versos y poesías fueron dedicados al ladrón de máscaras. Algunos memoriosos todav...

Cazador

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El búfalo nace búfalo. Su instinto obra sin caer en interrogantes. El búfalo muere búfalo, ocultando la diferencia, entre el ser y la idea. Insípida la noche, para el cazador que reniega de su lanza. El lobo no censura sus dientes, ni el tigre sus garras. ¿Volaría el águila si dudara de sus alas? El cielo no le daría tiempo, para arrepentirse de su ingratitud.

Tierra de Agua

Algunos veranos, en un punto alejado de la ciudad, aparece un pueblo olvidado por los fabricantes de mapas y los chóferes de satélites. El lugar nunca ocupa dos años en el mismo sitio, y es tan pequeño que quienes lo buscan, rara vez lo encuentran. Su paisaje es sutil a simple vista, por lo que puede pasar desapercibido a los ojos de buscadores distraídos y turistas de aventura. En esa tierra las tardes son siempre soleadas, las noches frías y el tiempo parece seguir un capricho impredecible, entre las 12 del día y las 4 de la tarde, cada hora corre como si fueran dos o tres. Siempre puede escucharse el sonido de una guitarra a lo lejos y es bien sabido que los partidos de truco allí pueden extenderse durante varios días y noches sin interrupciones. Cuenta una leyenda que, en una de las casas, vive un hombre que logro engañar a la muerte, luego de ganarle un falta envido con 33 de mano. Científicos extranjeros explican que en la montaña, las personas se sienten libres bajo efecto de...

Vampiros

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Mientras los mortales devoran reflejos, encontramos la paz en las débiles uñas de la oscuridad. Los esclavos de un único sentido, definen al mundo por su apariencia. Bautizan a los seres sin tocarlos. No comprenden que la realidad de las formas, difiere a la de las luces. Cobardes, simples, subjetivos, persiguen el brillo. Aterrados de lo disímil, juzgan, torturan. En sus cortas y efímeras vidas, no ven más que su propia verdad. Jamás beben de la fisura de la copa, del dolor ajeno. Presas, huyen de la muerte, huyen de la vida. Amaneceres nocturnos los de la bestia. Cuando la ciudad emana los vapores de la desidia, ya no son nuestros ojos, despintados, monocromáticos, los que buscan. Alejados de las falsas plegarias de los hombres, velamos las tinieblas. Nómadas transitamos la vida, quienes destilamos la sangre, de la lágrima. Inspirado por el anime Vampire Knight

Trazos en la arena

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I Coloreaste estrellas fugaces, bordaste alfombras voladoras. Reclinaste tu alma, en nubes de almohadones. II 2 camellos, dijiste, valía tu amor. Busco un tasador, que ponga precio a mi dolor. III Extrañarte, el placer más doloroso, el dolor mas exquisito. IV Detrás del cristal, una cascada de arena. El oasis, sepultado en un reloj.

Dar el asiento

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En un primer paso al nirvana, uno se da cuenta que ir parado o sentado en el colectivo, es lo mismo. Un detalle menor, en un momento superfluo, dentro de la vida de una persona. Nunca será recordado significativamente, ni tiene un fin mayor, que la satisfacción sensorial inmediata. Talvez, entre el metal, el plástico, el aire denso y húmedo, la sensación de hacinamiento, uno puede llegar a preocuparse, estar tenso o hasta discutir con otra persona, para conseguir un preciado asiento. Mirar de reojo si alguien se esta por levantar, acelerar rápidamente a la parte trasera para asegurar un perpetuo viaje sentado, quejarse, caminar de un lado a otro resoplando, son algunas de las conductas que genera una larga y paranoica búsqueda infructífera. A los pocos minutos de haber descendido, ya dirigiéndose hacia el destino en cuestión, el desgaste psicológico, generado por la minúscula, pero obsesiva batalla es olvidado. Los restos de stress, se acumulan en el subconsciente y reaparecen en...

El Colectivo

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“Para llegar al primer mundo pareciera que hay un solo colectivo que te lleva, y ya está ocupado. Quienes lograron entrar fue a costa de amontonamientos, empujones, codazos, puteadas, agarradas de pelos, trompadas… Todo lo que sea para conseguir un pasaje. El bondi se llenó hasta que no entró ni un alfiler parado y se cerraron las puertas. ¿Y los demás? ¿Los que no pudieron subir y se quedaron afuera? Esos son los que tienen que empujar el colectivo por una cuesta interminable para que llegue a destino.” ¿Por qué esta cerrado el colectivo? Seguramente para que no se moleste ni atente contra los cómodos señores ni los ventajeros que se colaron en el portaequipajes o van apretujados ante las aberturas. Muchos quedaron en el camino por querer colgarse de la puerta de este aparato, que timonea el destino del mundo. ¿Quién es el chofer? El motor, los que no pudieron subir. El chofer, el capital. Quien tenga más dinero, tendrá el volante. Pasar en rojo los semáforos de la dignidad, dob...

Estatuas

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Todas las personas que nos rodean, crean su propia imagen de nuestra personalidad. Algunos nos han esculpido en gigantescas y lustrosas estatuas de bronce. Otros, en opacas figuras de barro, que no resistirían una llovizna. Todos los días, debemos enfrentar estas figuras estáticas, que cargan una ínfima y subjetiva parte, de nuestra esencia. Tenemos que lidiar, con lo que somos, ante ojos extraños. Contemplar ese gran museo, es una de las formas que tenemos de conocernos.

Recuerdos de mi viaje a una China imaginaria

Marco Níveo amanecer, níveo ocaso. En el cuadro de la desilusión, todas las aristas, tienen el mismo color. Polo Sólo, construí sobre el hielo, con ladrillos de hielo, una casa de hielo. El primer sol la derritió. Mago Un Mago, vela su arte. Su mano, engaña, nuestra tristeza. De los viajes Hoy Comienza mi viaje. Siempre es hoy, siempre comienza.