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Mostrando las entradas de junio, 2008

413 Años después

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Verona, se dibuja en mi mente, decorada por la pluma de los poetas. Un clima de Reyes, balcones y catedrales, con soldados lentos, persiguiendo a paladines regresando de sus amoríos nocturnos. Los dramaturgos desde los rojizos tejados, en compañía de las ratas, narran los cruces de espadas. Entre amores imposibles, la sangre, un río de pasión y lágrimas, se vierte cada noche en actos de arrojo. El veneno, el más profundo símbolo del amor eterno. Salgo a la calle y no puedo encontrar esos paisajes por ninguna parte. Los tejados ya son muy altos como para ver a los poetas. Soldados azules, sin espadas, patrullan las calles bajo las órdenes de mercaderes y viajantes. Los hombres no respetan reyes ni reinos, se matan unos a otros sin claras razones, evitando mirarse a los ojos. Los dramaturgos han quedado sin trabajo, ya que el pueblo venera a los bufones. El veneno acabó con las últimas ratas. Por las calles se escucha, que no se puede morir de amor.

Títeres

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El espeso torrente carmesí, oculta una realidad genética latente. El destino se muestra como una simple imposición biológica, encriptada en el núcleo de las células del primer hombre que caminó la tierra. Reuso a formar parte de una obra de títeres sangrantes, aunque mi apatía respete la trama del titiritero. Develo estas líneas, que desde el principio de los tiempos, esperaron detrás del telón, su efímera exposición.

El ladrón de máscaras

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Algunos dicen haberlo visto por la ciudad universitaria, otros que rondaba por 9 de julio y General Paz. Vestía una gabardina y un sombrero negro. Cargaba una bolsa en lugar de un maletín y generalmente pasaba desapercibido. A veces, detenía a las personas preguntado la hora, o el nombre de alguna calle. Otras, se hacía pasar por un vendedor ambulante o pedía fuego, aunque no fumara. Ni bien alguien se acercaba, con un simple pase de manos robaba su mascara. Mascaras felices, acongojadas, furiosas, eufóricas, enamoradas, tiesas, indecisas, contemplativas, siniestras, entre tantas otras, viajaban en su bolsa. Muchas veces, intercambiaba las máscaras entre las personas. De ese modo los afligidos volvían pensativos a sus casas y los enamorados confundidos. Si recuerdan haber sufrido algún cambio de ánimo repentino, probablemente, ustedes también han sido víctimas de alguna de sus fechorías. Miles de dibujos, versos y poesías fueron dedicados al ladrón de máscaras. Algunos memoriosos todav

Cazador

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El búfalo nace búfalo. Su instinto obra sin caer en interrogantes. El búfalo muere búfalo, ocultando la diferencia, entre el ser y la idea. Insípida la noche, para el cazador que reniega de su lanza. El lobo no censura sus dientes, ni el tigre sus garras. ¿Volaría el águila si dudara de sus alas? El cielo no le daría tiempo, para arrepentirse de su ingratitud.

Tierra de Agua

Algunos veranos, en un punto alejado de la ciudad, aparece un pueblo olvidado por los fabricantes de mapas y los chóferes de satélites. El lugar nunca ocupa dos años en el mismo sitio, y es tan pequeño que quienes lo buscan, rara vez lo encuentran. Su paisaje es sutil a simple vista, por lo que puede pasar desapercibido a los ojos de buscadores distraídos y turistas de aventura. En esa tierra las tardes son siempre soleadas, las noches frías y el tiempo parece seguir un capricho impredecible, entre las 12 del día y las 4 de la tarde, cada hora corre como si fueran dos o tres. Siempre puede escucharse el sonido de una guitarra a lo lejos y es bien sabido que los partidos de truco allí pueden extenderse durante varios días y noches sin interrupciones. Cuenta una leyenda que, en una de las casas, vive un hombre que logro engañar a la muerte, luego de ganarle un falta envido con 33 de mano. Científicos extranjeros explican que en la montaña, las personas se sienten libres bajo efecto de

Vampiros

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Mientras los mortales devoran reflejos, encontramos la paz en las débiles uñas de la oscuridad. Los esclavos de un único sentido, definen al mundo por su apariencia. Bautizan a los seres sin tocarlos. No comprenden que la realidad de las formas, difiere a la de las luces. Cobardes, simples, subjetivos, persiguen el brillo. Aterrados de lo disímil, juzgan, torturan. En sus cortas y efímeras vidas, no ven más que su propia verdad. Jamás beben de la fisura de la copa, del dolor ajeno. Presas, huyen de la muerte, huyen de la vida. Amaneceres nocturnos los de la bestia. Cuando la ciudad emana los vapores de la desidia, ya no son nuestros ojos, despintados, monocromáticos, los que buscan. Alejados de las falsas plegarias de los hombres, velamos las tinieblas. Nómadas transitamos la vida, quienes destilamos la sangre, de la lágrima. Inspirado por el anime Vampire Knight

Trazos en la arena

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I Coloreaste estrellas fugaces, bordaste alfombras voladoras. Reclinaste tu alma, en nubes de almohadones. II 2 camellos, dijiste, valía tu amor. Busco un tasador, que ponga precio a mi dolor. III Extrañarte, el placer más doloroso, el dolor mas exquisito. IV Detrás del cristal, una cascada de arena. El oasis, sepultado en un reloj.