1 nov. 2013

¿Crées que nos conocimos por Azar?

2 Bardos comentaron este escrito
No puedo creer que exista una razón para que yo esté hoy aquí. No aceptaría siquiera que hay ciertos sucesos que deban pasar en mi vida necesariamente, excepto, claro, aquellas cuatro viejas verdades biológicas del budismo: el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte.
Si las cosas pasaran por algo, si hubiera un plan escrito de antemano, un destino, un camino trazado por alguna inteligencia donde tengamos que conocer a tal o cual persona, sentir tal o cual pasión o ir a tal o cual lugar, se rompería lo más bello e inherente de éste mundo: que hay miles de caminos posibles, miles de formas de recorrerlos, miles de otros que pueden afectarnos en miles de modos diferentes.
No es que haya sólo ciertas personas especiales que puedan enseñarnos cosas, y que hayan sido puestas en nuestro camino para ayudarnos a seguir. Podemos componernos casi con cualquier otro, porque todos somos humanos, y tenemos mucho más en común con otros que lo que nos separan las diferencias culturales, religiosas, raciales; las cuestiones de fe, las cosmovisiones, los gustos.
Caminando atentos, mirando, escuchando, podemos aprender de cualquiera, porque todos han sufrido y tenido que vivir de las buenas y de las malas. Así que cada uno lleva una mochila cargada de hermosos tesoros, de esos que se pueden compartir.

Lo más bello e inherente de éste mundo es la eterna lluvia de átomos de Epicuro, el divino azar. Aquel que promete todas las posibilidades, que muestra que lo impredecible puede pasar y que el límite, muchas veces, no siempre, lo ponemos nosotros. Los dados no están cargados, podemos batirlos y tirar de nuevo, para ver que pasa. 

13 abr. 2010

Rivera Indarte

6 Bardos comentaron este escrito


La empedrada no oculta la naturaleza del lugar, la calle. Rivera Indarte, para los que alguna vez se detuvieron ante el letrero. Allí se encuentran las más finas sedas, amalgamadas con el 40% poliéster. Los pasos de mocasines, guardapolvos, tacos y corbatas, que corren sus anónimas maratones cotidianas, para subir a los colectivos, pagar las facturas, llegar a tiempo al trabajo o a la escuela.

En ese camino de pasos de peatonal, se esconde el mundo. Cobijado entre cartones, ofreciendo estampitas por una moneda, el mundo sostiene a un hombre sin manos. Luego, los peatones me preguntan: ¿Por qué filosofía? y ríen.



10 ago. 2009

Hidra

15 Bardos comentaron este escrito

Hoy en día
se nos trata de convencer
que los héroes 
no existen.



La principal diferencia entre las garras del tigre y la inteligencia del hombre es muy evidente. Si un tigre no utiliza sus garras, muere de hambre. En cambio, si un hombre no utiliza su principal capacidad natural, su inteligencia; un segundo hombre -inteligente y ambicioso- pondrá la voluntad del primero a su servicio. Este primer hombre, transmuta en una herramienta, en una simple extensión de la mano del hombre ambicioso. 

Sería un acto muy noble, si todas las personas que afirman «no me gusta pensar demasiado» revirtieran su condición, tan solo para que la mano del hombre ambicioso no se convierta en una hidra, que devore sin piedad, a los últimos hombres libres.


5 may. 2009

Errante

16 Bardos comentaron este escrito
No vive en tierra esperada,
no acusa ningún deber,
nada más puede haber,
la vida le ha sido dada.

Aroma a tierra mojada,
cuerdas, voces y risas,
sueños desechos en trizas, 
besos de alguna amada.

No encontrará un camino,
donde arrastrar su sombra,
vuela como la alondra. 
Luego, no habrá destino.

Duda siempre del oro
y de la mano barajada.
Entre muleta y espada,
siempre ovaciona al toro.

No será paraíso,
sólo, tierra y ceniza.
Vaga, ebrio de risa,
aquel caro a Dioniso. 

Sin las gibas del camello,
devora hombres el león.
De un niño será su bastón,
cuando pueda olvidar lo bello.

20 ene. 2009

El hombre a la orilla del río

20 Bardos comentaron este escrito

Chapoteando en las frías aguas del río Estigia, pienso. ¿Esto es todo?

El barquero encalla y sonríe, Seis demonios me esperan en la orilla. El más pequeño de todos se acerca y me recita unas palabras en lengua extraña:

-Me debes 250 años, tu tiempo es mío. 
Como humano, naces con una capacidad innata para hacer el mal. Cada acción directa o indirecta que produzca sufrimiento a otro ser, equivale a un segundo de vida. Ese segundo es restado a los 300 años que te han sido regalados.


Intento decir algo, pero ya no tengo palabras. No puedo moverme. Sólo veo flashes en mi cabeza de personas tristes, animales muertos, lágrimas, gritos, sueños rotos. Cada imagen sangra en mis sentidos durante un intenso e interminable segundo, luego aparece otra…

Comprender el mal que hemos hecho, eso es el infierno. 

18 nov. 2008

3er día

12 Bardos comentaron este escrito


Babilonia hoy no tiene color, babilonia hoy no existe. 
Me levanto sin abrir las ventanas, talvez me acueste sin hacerlo. 
Adivino lo que hay afuera, como quien mira una película por tercera vez. Puedo pensar a las personas, vociferando los mismos vocablos día tras día. Empeñando su vida en esa palabra, palabra que no voy decir, ni aceptar. Puedo pensarlo, pensarlo todo.
Me levanto sin abrir las ventanas, talvez me acueste sin hacerlo. 
Babilonia hoy no tiene color, babilonia hoy no existe.


16 oct. 2008

El devorador de sueños

18 Bardos comentaron este escrito
Dicen que vestía de rojo, que llevaba capa y sombrero. Ocultaba su realidad en el éxito y la adoración. Si bien no tenía intereses particulares, era diestro en la mayoría de las tareas que desempeñan los hombres, como el arte, los negocios y las armas. 
Su frustración radicaba en la envidia a los seres simples, amantes del destino. Vivía para la venganza, sin hacer de ella más que una ocupación pasajera. 
El devorador tomaba una presa, descubría su sueño y lo llevaba a cabo para si mismo, destruyendo, finalmente, las posibilidades de su dueño. Por instantes se sentía superior, ante los ojos destrozados de los amantes, soldados o mercaderes devorados. 
Con el correr de las horas, volvía a sentir el profundo vacío, de ser una prueba más, de la ausencia de propósito divino.